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Haikus al despertar

La provocación de lo diferente

Artículo publicado el lunes 5 Febrero 2007 en el blog sobre pensamiento social de Tendencias21

…Y la mamá cabra le dijo a sus cabritillos (baifitos, dirían en mi tierra): no les abráis la puerta a nadie, porque puede ser el lobo.

Según narra el cuento infantil, tal como estaba previsto, el lobo se presentó. La estrategia que montaron los pequeños, para confirmar que quien tocaba a la puerta era o no su madre, la basaron en dos datos relevantes: la voz de quien decía ser la mamá y el color de la piel del personaje.

Este cuento infantil, estimulador de la imaginación de los niños de mi generación, sigue hoy teniendo vigencia cultural. Nos sigue hablando de nosotros, de nuestra sociedad humana. La identidad de los desconocidos sigue viéndose como una amenaza. Buscamos la seguridad que nos da lo que se nos asemeja, aunque sea superficial el parecido. Lo diferente, lo extraño, lo anónimo, es sinónimo de peligro, de riesgo seguro. La diferencia nos pone en alerta y la reacción es la de parapetarnos.

Al diferente no nos acercamos. De lejos lo detectamos por sus maneras de comunicarse y por su peculiar color de piel. Así, el diferente será siempre un ser anónimo del que sólo tendremos referencias a partir de los tópicos que circulan de boca en boca y que como “fantasmas” ponen en guardia a las mentes infantiles. Esto nos lleva a no abrir la puerta a lo desconocido por miedo a los riesgos. De esta manera nos mantenemos obedientes al mandato de “la mamá”.

Cambiar la mirada

El desconocido se asemeja al arquetipo del lobo, del cual el cuento no define por sus cualidades. Al lobo lo anuncian los prejuicios. Sólo se sabe de él que no se parece a la mamá. Pero no se conoce su origen, ni su historia. Es una figura amenazante que no se sabe cómo surge. De pronto está ahí y se describe como peligroso. Es una figura que alimenta los miedos, las inseguridades, la inmadurez de nuestra especie.

Del diferente no sabemos su procedencia (marroquíes, sudamericanos, chinos, asiáticos…), cuál es su nombre, cuál es su origen, quiénes son sus padres, cuál es su pueblo, cuál es su historia, qué le trae por aquí. Manteniéndolo fuera de nuestro entorno, no nos cuestiona ninguno de los “seguros pilares” que sostienen “nuestra casa”.

La propia cultura nos dota de argumentos para justificar nuestras reservas. El desconocido es el salvaje y hay que marginarlo en las reservas: no guarda las formas de conducta establecidas, no conoce los códigos para relacionarse, no sabe las normas de funcionamiento de nuestra sociedad, no utiliza los mismos patrones, no acepta el orden jerárquico vigente. Irrumpe en nuestra cotidianidad y conmueve los cimientos que soportan nuestra vida previsible.

No es un cambio de cultura lo que se persigue en esta reflexión, es un cambio de mirada sobre el valor de lo que tenemos y el valor de lo que tienen los supuestamente diferentes. Porque:

- Fijamos patrones de identidad y hacemos fronteras
- Consensuamos normas y olvidamos que fueron negociadas para un determinado contexto
- Optamos por la bipolaridad y no reconocemos los matices que existen en medio de dos extremos
- Elegimos lo lineal y renunciamos a la capacidad de sentirnos envueltos por lo multidimensional
- Acatamos las formas y éstas se adueñan de nuestro movimiento, paralizándonos ante lo nuevo o lo desconocido
- Construimos fortalezas y creamos y renovamos las fuerzas de los supuestos enemigos
- Tomamos como referencia las experiencias del pasado y cerramos las puertas a las nuevas oportunidades del presente
- Planeamos el futuro a partir de lo que conocemos y perdemos de vista nuestra temporalidad

Autora: Alicia Montesdeoca

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