Wut (rabia)
La rabia que llevamos dentro, que se cuece en nuestras tripas: rabia por no creer en lo que hacemos, por no confiar en nosotros mismos, por todo lo que NO nos han dado, por las veces que nos hemos sentido traicionados, que hemos dado y no hemos recibido, que hemos pedido y no hemos recibido. Esa rabia contra una madre, que no nos ha dado el cariño que nos hubiera gustado, o de la manera que queríamos... rabia contra los demás, por parecer más felices que nosotros, o más seguros de sí mismos, incluso por engañarse a sí mismos y aparentar ante el resto, por su debilidad. Rabia por no ser más de algo, por parecer o creerse menos que los demás... Esa rabia se acumula y sigue alimentando un fuego, como la llama de un calentador. Sale: sale contra los que más cerca tenemos. Son reacciones de demanda, de frustración, por exigencias incumplidas, expectativas, deseos, presunciones sobre cómo deberían ser las cosas y los demás. Me molesta esto de esta persona. No me merezco que me traten así. Exijo lo que es mío. No me quiere o no me entiende... Nos sentimos frustrados cada vez que pensamos así. Cada vez que esperamos algo... Hace falta llorar mucho, supongo, para darse cuenta de que no hay nada que perder, nada a que aferrarse, nada que pedir o esperar... Hace falta dar muchos puñetazos a la cama, desnudarse con mucha frecuencia ante los demás, pedir todo lo que queramos y reflexionar sobre lo que de verdad necesitamos o nos hace felices... Dejar de temer al fracaso, dejar de sentir la presión, dejar de querer hacerlo mejor, dejar de intentar poseer a alguien, dejar de aparentar... Romper la armadura y el muro que nos "defiende" y que nos apresa, que mantiene encogido el corazón, que asfixia, que duele...
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Learning by doing
Nadie nace aprendío...
Me he quitao del fesibuc
... prefiero tomarme unas cervezas con los amigos a encontrármelos en el muro del feisbuc...
Navegar

Navegar, en medio del océano, entre las olas, el barco te mece, el mar te mece... ¿acaso no nos mece el viento? El viento nos mece y el mar se mueve a su manera, según su naturaleza. Y nosotros de la manera contraria si estamos surcando las olas, que es en realidad de forma simétrica a como lo hace el mar. No opongas resistencia al movimiento del mar, si no te marearás! Dice el capitán. Deja que el barco te meza... Surcando las olas vamos sobre una matriz mecida por el viento. Caminando la tierra navegamos también sobre dunas mecidas por el viento. La duna es efímera, al igual que la ola, al igual que la vida, que los momentos, que los lugares. El viento ordena el movimiento. Navegamos por situaciones, lugares, momentos, seres... navegamos con velas y a motor, unas veces guiando, otras veces guiados... En medio del mar estamos solos con nosotros mismos y con el mar. En la duna aprendemos a bailar a merced del destino, al ritmo de la música-danza que genera el viento al rozar con las partículas. Andar sobre la malla no es más que otra forma de jugar... Siempre navegamos.
Escenas - Casa nueva
Escuchando a Ackerman entro en un estado de consciencia a flor de piel, donde algunos de mis sentimientos se aprecian más. Es un estado al que a veces llego de la mano del miedo y la inseguridad... Cualquier puerta es buena si lleva hacia dentro. En una relación de pronto todos los caminos se juntan en uno. Todas las metas pasan por la misma. Todas las visiones se tiñen del mismo color. Y entro en un sueño del que no quiero despertarme. Entro en una paz que lo para todo. Incluso a mi mismo. Me paro a observar, a contemplar el amor. Me veo con los ojos del amor, aunque sean del amor ajeno. Esos ojos me permiten entrar en el mío propio. Todas las puertas son buenas si llevan hacia dentro. En esa antesala de mi corazón hay calor, hay comprensión, hay complicidad y hay diálogo. Son elementos necesarios para construir con buenos fundamentos. Y si hace falta, reconstruir y hacer reformas. Ahora somos vecinos. Sí, nos hemos mudado y aquí estamos, pared con pared, como orillas opuestas de un mismo mar. Lo nuestro aún no es una casa, son dos adosados. Escucharás mis lamentos por las noches y mi algarabío a deshoras. Nos cruzaremos al salir y entrar de casa y los sábados desayunando o tumbados en el jardín. Me pedirás sal y te regalaré huevos. Ya no recuerdo si vives en mi casa o yo en la tuya. A veces necesito volver a mi salón de estar y mirar por la ventana, o bien tumbarme en mi sofá y taparme sólo con una manta. Ya no recuerdo si esta casa está en el campo o a las afueras de la cuidad. Entra, ésta es mi casa, ésta es tu casa. Gracias, ¿puedo tumbarme en tu sofá? ¿esperas a alguien?. La casa es a veces un palacio, o un templo, o una cueva. Ya hemos llegado, descansa - oigo. Puedes tumbarte en mi sofá. Te estaba esperando. Este es tu lado de la casa. ¿Ves la raya blanca? Se extiende por la calle y por nuestras almas. Como verás no es recta. Podemos cruzarla pero no ignorarla. ¿Ves ese espejo? Aunque está en mi lado de la casa, refleja el tuyo. ¿Ves esa puerta? Tiene dos cerraduras distintas, de las que cada uno tenemos sólo una de las llaves. Pasa, entra, te invito a helado. Hay buenas vistas desde aquí. Sí, de hecho mi casa no da a poniente y hasta ahora me perdía estos atardeceres. Ahora saldremos al porche y mañana si quieres desayunamos en mi casa. A veces entro a tu casa y no hay nadie y ese vacío que dejas inunda mi casa también, aunque esté yo dentro. Sin embargo siempre está tu olor por los pasillos o en la cama. A veces pierdo el rastro de la línea blanca al entrar a alguna habitación y tengo que salir de la casa para volver a encontrarla. Sentado en mi sillón me veo a mi mismo reflejado en tu espejo al otro lado de la casa. Hay habitaciones que siempre tengo desordenadas, llenas de trastos, y prefiero que no entres. Yo entro sólo lo necesario cuando necesito coger algo. Sin embargo quiero hacer reformas. He pensado tirar estos muebles viejos de mis padres, que ya no uso. Llevo mucho tiempo queriendo hacerlo, incluso queriendo simplemente planteármelo en serio, abiértamente. Sin censuras ni autocontrol...
El lado sublime del corazón

... A todas las mujeres de mi vida les digo: mi corazón es tuyo, si lo quieres, porque quiero amarte, y quiero que lo tengas un rato en tus manos. Pero no es tuyo para hurgar en mi herida, ni para jugar con él... Si te enseño mi herida es porque quiero compartirla contigo. No te culpo de mi herida, mamá, mujer... Quiero que habites mi corazón conmigo porque entra frío por ella, aunque sé que también entra luz... Me siento solo y a la vez comprendido en mi corazón a solas. Si quiero que entres es también porque sé que debo mostrarme como soy, y quiero hacerlo. Quiero que me vean y así también aprender a aceptarme. No tienes que hacer demasiado ahí dentro, sólo déjame ser yo y acampa a tus anchas, que yo te dejaré cada vez más hueco... Hay lugares que nunca han sido habitados por nadie más en mi corazón. A algunos aún nos les ha llegado la hora y otros son lugares a los que quizás mi madre, por sus razones, no ha querido o no ha sabido entrar. Hay lugares vírgenes que podrás descubrir: descúbrelos! Aparta la maleza y hazte camino y ayúdame así a conocerme. Déjame que aprenda a amarte y podré ir mostrándome poco a poco de par en par. Quiero recorrer todo mi corazón y siento que necesito una segunda madre para hacerlo de la mano. Pero no quieras adueñarte de él, sólo entra a descubrir, que yo haré lo mismo en tu corazón. Poco podrás ayudarme si no conoces lo suficiente tu propio corazón. Pocos caminos podrás enseñarme si no te quieres tú misma. Pero siempre hay una lección que aprender el uno del otro, que compartir. No te puedo pedir más de lo que me puedas dar y eso no debe hacerme pensar que no me quieres o que no hay nada por descubrir, sólo que no puedes quererme más, ni darme más luz, ni yo a tí tampoco quizás. Busco tu calor para encender mi fuego, y tú el mío, pero no podemos en realidad encender la llama del otro, sólo recordarle el calor que siente uno dentro de su propio corazón, la comprensión dentro de su propia herida, para así animarle a encender la llama por sí mismo... Hay que aprender a mantenerse con las raíces firmes como un árbol y dejar las hojas al viento, en el corazón ajeno o cuando alguien entra en el nuestro... y ¿nos han enseñado eso? puede que no... pero todos conocemos en el fondo esa verdad y ese camino, y tampoco podemos pedirles a los que nos dieron la vida lo que ellos mismos no aprendieron. La humanidad avanza como un único ser en busca de sí mismo. Y somos la punta de esa evolución, somos parte de un ciclo y aprendemos a amarnos como un ser más grande. No estamos solos en eso. "Nuestros hijos tienen muchas madres, y muchos padres y muchos abuelos, tantos como ellos quieran. La familia no tiene fronteras. Tu ancestro puede ser cualquier espíritu que quiera acompañarte en tu viaje en el mundo, aunque no haya sido nunca pariente ni conocido.", dicen en algunas tribus africanas. Aquí estamos cogidos de la mano, en la batalla, en la playa, en el mar, bajo el mismo sol... en el planeta que siente...
La cita en cursiva es del libro "Espejos" de Eduardo Galeano, la foto de Julia López.





